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Gabriela Ricardes: ¿Por que la Ciudad tiene una burra ignorante de Ministro de Cultura?

CABA: alarma en las murgas porteñas por el “vaciamiento” del Carnaval 2025

Los burras y los burros nos han igualado. Otra vez el efecto Moritan ¿Es bueno tener inútiles gestionando cultura?

Resumen: La Ministra de Cultura Gabriela Ricardes afirmó que el Carnaval Porteño “molesta al vecino de la ciudad”. La respuesta de las murgas fue inmediata, exigiendo una reunión con el Ministerio para garantizar el presupuesto y los festejos de febrero.

Palermo Online Noticias | En un contexto donde el presupuesto porteño está en el centro de debate, la Ministra de Cultura Gabriela Ricardes lanzó una bomba en la Legislatura de Buenos Aires: según ella, “el Carnaval molesta al vecino de la ciudad”. La comunidad murguera no tardó en responder, denunciando lo que consideran un intento de “vaciamiento” del evento y reclamando una reunión urgente para asegurar la continuidad de esta fiesta popular, que en 2025 celebrará 157 años de historia.

Ahora bien, detrás de las palabras de Ricardes, ¿qué ideología late realmente? Quizás, en el fondo, la ministra podría representar una corriente de pensamiento donde lo popular, lo festivo, aquello que irrumpe en las calles, es percibido como una amenaza. La filosofía, desde tiempos de Sócrates, enseña sobre la convivencia de lo diverso en el espacio público. En una comunidad urbana, ¿no es acaso el Carnaval el latido de la ciudad, el grito de quienes, día a día, construyen el sentido de pertenencia?

¿El Carnaval: fiesta o incomodidad?
Las murgas porteñas respondieron de inmediato, publicando un comunicado en el que repudian los dichos de la ministra y ponen en tela de juicio su supuesta preocupación por el “molestar” de los vecinos. Según las murgas, la propia Ciudad llevó adelante el estudio “Análisis de públicos y percepciones del Carnaval Porteño”, que concluyó que más de un millón de personas asisten cada febrero a los corsos barriales, lo cual contradice los comentarios de Ricardes.

El Carnaval como espejo de la identidad
La comunidad murguera, que representa a más de 130 agrupaciones de Buenos Aires, reclamó que no hubo reuniones de planificación desde julio, a pesar de que la ministra mencionó estar “trabajando con las murgas de la ciudad y con la comisión de Carnaval”. Acusan que el presupuesto del programa fue reducido en un supuesto “error de tipeo” y que las declaraciones de Ricardes responden a una voluntad de disciplinar ciertas expresiones culturales. ¿Estamos ante un intento de “limpieza simbólica” que privilegia solo aquellas manifestaciones culturales alineadas con el gobierno?

Cuestión económica y ética del Carnaval
¿Es ético que se busque cortar el financiamiento a un festejo de arraigo popular? El Carnaval, en el marco económico, representa también ingresos para pequeñas pymes, vendedores ambulantes y vecinos que encuentran en estas fechas una oportunidad para generar un ingreso extra. ¿Es el ahorro en el presupuesto del Carnaval lo que la Ciudad necesita para un desarrollo cultural auténtico? En términos económicos, el capital simbólico que genera el Carnaval es invalorable, pero ¿es ese un argumento suficiente para la gestión actual?

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Buenos Aires se merece un carnaval de un millón de espectadores. Brasil y en Entre Ríos Gabriela Ricardes

Los carnavales en Brasil y en Entre Ríos se destacan por ser verdaderas industrias de entretenimiento y cultura que impulsan la economía local de forma fenomenal. Estos eventos tienen una capacidad de atracción turística masiva, movilizan grandes cantidades de recursos y generan empleos temporales y permanentes.

  1. Turismo masivo: Durante el carnaval, ciudades como Río de Janeiro y Gualeguaychú reciben cientos de miles de turistas nacionales e internacionales. Esto representa un importante ingreso económico en sectores como hotelería, gastronomía, transporte y actividades recreativas.
  2. Creación de empleo: Las preparaciones involucran a miles de personas, desde diseñadores y artesanos hasta músicos, coreógrafos y técnicos en iluminación y sonido. La inversión en personal crea fuentes de empleo en comunidades locales, desde trabajadores temporales hasta empleo estable en los talleres de producción.
  3. Impacto en la economía local: Además de los sectores de alojamiento y comida, las actividades turísticas impulsan el comercio local, ya que los visitantes consumen productos y servicios locales, creando una cadena de valor alrededor del evento.
  4. Inversión en infraestructura y cultura: Las ciudades carnavalescas invierten en espacios como sambódromos y recintos festivos, que a su vez se convierten en atractivos turísticos adicionales. Esto fortalece la infraestructura y deja un impacto duradero que fomenta el turismo en otras épocas del año.
  5. Identidad cultural y proyección internacional: El carnaval promueve la identidad cultural de cada región, desde los desfiles de samba en Brasil hasta el carnaval al estilo entrerriano en Argentina. Atrae la atención global a través de transmisiones televisivas y redes sociales, proyectando la cultura local al mundo y atrayendo inversores y visitantes año tras año.

En resumen, estos carnavales son festivales de gran impacto económico debido a su habilidad para atraer turismo masivo, crear empleo, estimular la economía local y fomentar una fuerte identidad cultural que se proyecta más allá de las fronteras.

Brasil y Entre Ríos conocieron su propia versión de Gabriela Ricardes, con gestores ignorantes que desde sus oficinas intentaron domesticar lo indomable: la cultura popular. En Brasil, intentaron poner freno al Carnaval, ese estallido de vida que congrega a millones, y en Entre Ríos alguna vez también pensaron que el corso era un “gasto” sin sentido. Pero la historia dio vuelta el tablero, y esos burócratas fueron desplazados por personas capacitadas, por quienes entendían que la cultura es un recurso poderoso, capaz de mover no solo a las almas, sino también la economía de una región entera.

Hoy, tanto en Brasil como en Entre Ríos, esos carnavales son internacionales, atrayendo multitudes, generando trabajo y multiplicando el turismo. En lugar de silenciar las voces y los tambores, estos lugares supieron darles el espacio y el respeto que merecen, transformando a cada calle y cada escenario en un imán cultural. Esto debería ser un llamado de atención para Gabriela Ricardes: la cultura no es un gasto a recortar, sino una inversión, una fuerza viva que hace a la identidad y el desarrollo de Buenos Aires.

¿Qué le dirían a la ministra burra?

Discépolo, con su mirada a veces filosa y a veces triste, la miraría y diría, con esa ironía que nace del dolor: “Señora, si piensa que el Carnaval molesta, no ha entendido a Buenos Aires. Mire, el Carnaval no es solo una fiesta; es el tango de la risa, es un millón de voces en bombos y colores, ¡es la ciudad que usted administra pero no vive! Esas almas que usted desprecia porque llenan las calles son Buenos Aires latiendo. Usted, que se sienta a ver planillas, ¿no ve que la ciudad también respira?”

Borges, desde su rincón de reflexiones, pronunciaría su sentencia con una gravedad casi poética: “Ministra, hay una Buenos Aires que no puede percibir. Es una ciudad que no entra en los despachos ni en los presupuestos; existe en el eco de los bombos y en la alegría de los rostros enmascarados. Si apaga usted el Carnaval, no apaga un festejo; le arrebata a Buenos Aires un pedazo de su alma, como si se borrara un párrafo de su propio Aleph. Quizá esta ciudad nunca sea entendida desde su oficina, porque allí solo habita un reflejo pálido de lo que la gente vive afuera.”

Carriego, con su sabiduría de calle, lanzaría una observación con el tono sincero de un vecino: “Señora, Buenos Aires no es solo asfalto y edificios. Son los que marchan en cada corso, que alzan sus brazos con los ojos encendidos. ¿No será que se ha vuelto ciega, usted? Quizá, al mirar la ciudad desde arriba, olvidó que la ciudad también es alegría, tambor y vecino. Porque este Carnaval, que le incomoda, es el alma misma de esta Buenos Aires que ni usted ni sus papeles pueden controlar.”

Spinetta, el poeta del alma, la enfrentaría con su vuelo de palabras que cala profundo: “Ministra, en cada murga hay un grito de libertad, una explosión de lo que somos y de lo que guardamos en sombras y luces. Buenos Aires es una canción, un clamor. Si lo reprime, está reprimiendo el latido de su gente, el eco de nuestras historias. ¿Acaso le teme al ruido, porque el ruido es gente? Es tiempo de abrir los ojos y ver la belleza de una ciudad que se rebela al silencio que usted le quiere imponer.”

Gardel, con esa sonrisa de barrio y voz dulce, le cantaría una milonga con firmeza: “Mire, señora, ¿quién la hizo a usted dueña de las calles? Usted que habla sin saber ni escuchar, que recita palabras sin conocer los ecos. A esta ciudad la entienden los que cantan y celebran, no los que la quieren en silencio. Si no entiende de murgas, si no sabe de Carnaval, ¿qué sabe entonces? Deje que el pueblo baile, que celebre, y no se meta. Porque el Carnaval es nuestra manera de ser felices, y si eso le molesta, entonces no entendió nada.”

Sabato, desde su lugar profundo, haría una pausa, y con la gravedad de un amigo que quiere salvar un alma perdida, diría: “Ministra, una ciudad que apaga sus carnavales apaga su propia humanidad. El Carnaval es un ritual donde la ciudad se encuentra consigo misma, en su lado alegre y combativo. Usted no borra solo una fiesta, señora; le quita a Buenos Aires el aire que necesita para respirar. ¿Quiere usted una ciudad en silencio, o una Buenos Aires viva, libre y compartida por quienes la aman?”

Mujica Lainez, con su agudeza para pintar personajes, la retrataría rodeada de planillas y de ese confort absurdo: “Señora, ¿qué sería de Buenos Aires sin su fiesta? ¿Sin los vecinos que salen con sus trajes coloridos, que celebran lo que usted jamás podrá entender desde un escritorio? Usted, allí con sus masitas y su aire acondicionado, mientras afuera se vive la verdadera Buenos Aires. Porque esta es una ciudad de tango y de murga, de máscaras y risas, de amor al barrio y a las esquinas. Y si eso le incomoda, no es Buenos Aires la que está equivocada; tal vez debería preguntarse si es usted la que mira con los ojos velados.”

Quizá con estas palabras la ministra comprenda que la cultura no es un trámite burocrático, sino el alma de esta ciudad; el Carnaval no es un gasto, sino un acto de amor y de vida.

Considerar a la cultura como un “gasto innecesario” revela no solo una ceguera política, sino una desconexión con lo que verdaderamente mueve a una sociedad. La cultura no es solo un entretenimiento pasajero; es un dinamizador económico de proporciones eternas. Buenos Aires, con sus carnavales, sus murgas, y sus tangos, no necesita solo de edificios altos y cifras frías: necesita de los ecos de Gardel, las visiones de Spinetta, la poética de Cerati, y el legado de artistas que eternizan la identidad argentina en cada rincón del mundo.

Nombres como Antonio Berni, que pintó el alma del pueblo, o Lola Mora, quien esculpió los sentimientos de la nación en mármol, no están allí por capricho. Son, junto a filósofos como José Ingenieros y Rodolfo Kusch, los que plasmaron en sus obras las preguntas y respuestas de un país que se piensa y se representa. No es la “eficiencia” ni el recorte lo que hará que el turismo llegue o que el orgullo nacional despierte: es una cultura viva, un legado compartido que se construye y se sostiene en cada tango, en cada corso, en cada rincón de esta ciudad única.

El verdadero “gasto innecesario” es ignorar la riqueza que estas expresiones populares aportan, un motor cultural y económico que los despachos y planillas jamás podrán entender.

Una ministra ignorante es mucho más peligrosa que la quema de libros en la época de Hitler. Gabriela Ricardes: ¿Por que la Ciudad tiene una burra ignorante de Ministro de Cultura?

Ya que a la ministra le gustan los yankis le dejamos un mensaje,… Mira si se hace en EEUU.

¿Qué piensa Usted, estimada lectora?
¿Cree que el Carnaval representa un problema o es el reflejo de una Buenos Aires viva? Si el lector quiere participar en este debate, envíe un mail a lectores@palermonline.com.ar.

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