Apenas un día después del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el gobierno nacional decidió derribar un monumento en homenaje a Osvaldo Bayer. La escultura se encontraba en el ingreso norte de Río Gallegos, Santa Cruz, lugar donde Bayer dejó parte de su alma en tinta, palabra y lucha.
La obra, realizada por el escultor Jerónimo Villalba, fue destruida por personal de Vialidad Nacional. No fue un accidente ni un capricho urbanístico. Fue una decisión política. Y como toda decisión que se toma con topadora, se convierte en símbolo.
Pero… ¿quién fue Bayer? ¿Por qué molesta tanto su recuerdo?
Ana Bayer, la hija menor de Osvaldo, repudia la destrucción del monumento a su padre que es la memoria misma de los 1500 obreros masacrados en la Patagonia.
— Vanina Biasi (@vaninabiasi) March 26, 2025
Hoy a las 13 nos vemos en Vialidad en el desagravio para Bayer. pic.twitter.com/esl3atlVuV
Un anarquista con ética
Así despedazó Vialidad Nacional el monumento a Osvaldo Bayer. Fue inaugurado en 2023 en el Día Nacional de la Memoria en el ingreso a Río Gallegos, Santa Cruz, tierra de la Patagonia Rebelde.
— Belén Manquepi Gómez (@MariaBelenMG) March 25, 2025
Cambien nombres, tiren monumentos, nosotros no olvidamos. #NuncaMas#HuelgasPatagónicas pic.twitter.com/4qRGBgcjf4
Osvaldo Bayer nació en Santa Fe en 1927, pero se crió en Buenos Aires, donde vivió entre San Telmo y Belgrano. Fue periodista, escritor, historiador, guionista, profesor y militante de los derechos humanos. Y, sobre todo en el sentido más noble del término: defensor de una sociedad sin opresores ni oprimidos, creyente de la libertad, enemigo de la violencia institucional.
Estudió en Alemania, donde aprendió sobre el nazismo desde adentro, y volvió a la Argentina con una mirada crítica sobre el autoritarismo y el poder. Trabajó en diarios como Noticias Gráficas, Clarín y La Chispa, y fue fundador del Departamento de Derechos Humanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
La Patagonia Rebelde
Su obra más emblemática fue “Los vengadores de la Patagonia trágica”, publicada en 1972. Allí investigó con minuciosidad los fusilamientos perpetrados por el Ejército Argentino en 1921 contra peones rurales en huelga en la Patagonia. A esa matanza se la conoció como “La Patagonia Rebelde”, nombre que también llevó la película basada en su libro, dirigida por Héctor Olivera y estrenada en 1974.
La publicación de ese libro fue un terremoto: reveló la violencia estatal en una época donde nadie se atrevía a hablar de eso. Por esa causa, fue perseguido por la Triple A y luego por la dictadura. Se exilió en Alemania durante siete años, desde 1975 hasta el regreso de la democracia en 1983.
Censura, exilio y regreso
Durante la dictadura, sus libros fueron prohibidos, su nombre tachado de los diarios, su figura borrada de los medios. En el exilio, siguió escribiendo y denunciando, sin abandonar nunca la causa de los pueblos originarios, de los obreros, de las mujeres, de los sin voz.
A su regreso, Bayer fue un faro moral. Se instaló en una casona de Belgrano repleta de libros, plantas y papeles. Vivió con austeridad, como un monje laico de la palabra. Fue autor de más de veinte libros, entre ellos Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, La legión oligarca y Rebeldía y esperanza. También escribió guiones, dio clases, brindó conferencias y acompañó cada lucha social que valiera la pena.
El odio a la memoria viva
¿Por qué molestaba Bayer? Porque no se callaba. Porque incomodaba. Porque decía que no alcanza con el “nunca más”, que hay que revisar la historia económica, las injusticias sociales, las represiones silenciosas que todavía persisten.
Porque ponía nombre y apellido a los responsables. Porque escribía con el cuchillo de la verdad, y ese cuchillo cortaba profundo.
El monumento derribado en Santa Cruz no era simplemente una escultura: era un símbolo de esa memoria incómoda, que no se puede encerrar en los mármoles del 24 de marzo y luego esconder el resto del año. Era una obra para pensar. Para recordar que la historia argentina está manchada de sangre, pero también escrita con la tinta rebelde de tipos como Bayer.
¿Se puede demoler la memoria?
El escultor Jerónimo Villalba lo dijo claro en su carta al presidente de Vialidad Nacional:
“Hago un repudio total a las acciones violentas por parte del actual gobierno nacional”.
La pregunta que queda flotando es sencilla pero profunda:
¿Se puede demoler una memoria con una topadora?
La respuesta, si uno conoce a Bayer, es que no. Porque él vive en cada biblioteca popular, en cada obrero que se organiza, en cada lucha justa. Vive en las páginas que incomodan. Vive en la cultura que no se arrodilla.
