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El INCAA bajo fuego: el Consejo Asesor denuncia vaciamiento y abandono del cine nacional

El INCAA bajo fuego: el Consejo Asesor denuncia autoritarismo, vaciamiento institucional y abandono del cine nacional

En una reunión que terminó en escándalo, el presidente del INCAA, Carlos Pirovano, fue acusado por el Consejo Asesor de imponer una gestión autoritaria, centralista y destructiva para la industria cinematográfica argentina. Se lo señala por ignorar la ley de cine, vaciar las instituciones, y dejar en la calle a miles de trabajadores del sector. La crisis del cine argentino se profundiza y el Consejo pide revertir el rumbo antes de que sea demasiado tarde.


Buenos Aires, Una reunión para reconstruir terminó en demolición.

Lo que debía ser el primer paso hacia la reactivación del cine argentino, terminó siendo una puesta en escena fallida que reveló el verdadero guión de esta gestión: centralizar el poder, ignorar las leyes y reemplazar la política audiovisual por una lógica mercadocéntrica que arrasa con décadas de construcción colectiva.

En la primera reunión del Consejo Asesor del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) en más de un año, el presidente del organismo, Lic. Carlos Pirovano, impuso —según denuncian los propios consejeros— una visión unilateral y autoritaria. La cita, que se realizó el 26 de mayo, fue definida por sus asistentes como “una farsa con tono de decreto”.

Un Consejo sin voz ni voto

El comunicado emitido por el Consejo Asesor es contundente: la gestión Pirovano está vaciando los contenidos institucionales y relegando los órganos de control a una función decorativa. Durante la reunión, el presidente no solo rechazó revisar las resoluciones tomadas durante los catorce meses en los que no convocó al Consejo —a pesar de que muchas fueron rechazadas por la Asamblea Federal—, sino que abandonó intempestivamente el encuentro después de menos de dos horas, dejando el temario sin tratar.

Mientras los representantes del sector —que incluyen voces de todas las regiones del país— intentaban aportar propuestas concretas para recuperar la producción nacional, la respuesta fue un tono agresivo y autoritario. La perspectiva centralista y mercantilista del presidente contrastó con el enfoque federal y democratizador que históricamente ha caracterizado al INCAA.

“La industria cinematográfica es un cliente del INCAA”

Así lo afirmó el Gerente General durante la reunión, en una frase que sonó como una sentencia de muerte para el rol histórico del INCAA como promotor y regulador de la actividad cinematográfica nacional. Presentó un “plan estratégico” sin estadísticas, sin diagnóstico y sin una sola mención a las realidades provinciales o los desafíos actuales del sector.

El único punto evaluado como “viable” fue el de habilitar algunas líneas de concursos, pero ajustadas a un presupuesto no consensuado y con criterios que favorecen a un puñado de productoras concentradas, dejando afuera a los pequeños y medianos realizadores. Se niega la posibilidad de reconocer la labor de los Comités, cuyos integrantes trabajan ad honorem en condiciones precarias y cada vez con menos postulantes.

Una industria devastada

Los consejeros denuncian que la política de esta gestión ha provocado una parálisis sin precedentes en el sector audiovisual argentino. El incumplimiento del Artículo 2 de la ley de cine, que garantiza la representación plural en los mecanismos de cogobierno, fue señalado como el corazón del conflicto. La ausencia del Consejo durante más de un año permitió que se implementaran resoluciones inconsultas que ahora amenazan con desmantelar los pilares del cine nacional.

Miles de técnicos, técnicas, artistas y trabajadores del sector quedaron sin empleo. Muchas familias ya no tienen sustento y la cadena de producción está rota. “Estamos frente a una industria sin cine argentino”, advierten.

Una declaración como manifiesto

La reunión abrió con la lectura de una declaración oficial del Consejo Asesor dirigida al presidente Pirovano. En ella, se denuncia con firmeza el vaciamiento institucional, el desmantelamiento de los mecanismos de fomento y el daño irreparable provocado a la industria nacional.

“Se han vulnerado los principios federales, se desconoce el funcionamiento del sistema de exhibición y distribución, y se ignora el carácter multicausal de la caída en la concurrencia de espectadores”, reza el texto.

El Consejo exige la revisión urgente de las resoluciones impuestas sin consulta, la correcta ejecución del fondo de fomento y el respeto a las asignaciones específicas establecidas por ley. “Sin participación democrática, no hay cine nacional posible”, concluyen.


¿Cine para quién? ¿Instituciones para qué?

La pregunta que sobrevuela hoy al INCAA no es técnica, sino política. ¿Puede sobrevivir una industria audiovisual nacional sin políticas públicas, sin federalismo, sin instituciones que promuevan el arte como bien cultural? ¿O asistimos al último acto de un vaciamiento planificado?

La renuncia del presidente Pirovano no fue pedida oficialmente, pero en los pasillos del Gaumont y entre los sets apagados del interior profundo, cada vez se escucha más fuerte un grito común: basta de desprecio, queremos cine.


¿Y vos qué opinás?
¿Creés que el INCAA está cumpliendo su rol como promotor del cine nacional? ¿Hay margen para recuperar la industria o es momento de resistir desde abajo?

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