Site icon Noticias Abasto

¿Cuál es el idioma más rápido del planeta?

Cuando sentimos que alguien nos habla “a mil por hora” no siempre es una exageración: hay idiomas naturalmente más veloces, y el español está en la cima. Sin embargo, la rapidez no lo es todo.

Un estudio internacional, liderado por el lingüista François Pellegrino y su equipo en la Universidad de Lyon, confirmó lo que muchos hispanohablantes sospechaban: el español es uno de los idiomas más rápidos del mundo en términos de velocidad articulatoria. Pero, como siempre, la ciencia nos da un giro inesperado: aunque algunos idiomas se pronuncian más rápido, todos transmiten información a la misma velocidad.

La carrera de las sílabas: Japón y España en la pole position

Según un estudio de 2011, ratificado en 2019 y citado por IFL Science, el japonés es el idioma más rápido del planeta con una velocidad de 7,84 sílabas por segundo, seguido de muy cerca por el español, que alcanza las 7,82 sílabas por segundo. El podio lo completa el vasco, seguido por el finlandés e italiano.

Otros idiomas, como el inglés (6,19), el alemán (5,97) o el mandarín (5,18), se ubican más abajo en el ranking. Pero que no cunda el pánico entre los hablantes de lenguas más “lentas”: acá no gana quien habla más rápido.

La trampa de la velocidad: ¿más sílabas, menos contenido?

Lo que parece ser una competencia por quién habla más rápido, en realidad es una ilusión de densidad informativa. Pellegrino y su equipo descubrieron que los idiomas más veloces tienden a tener menos información por sílaba. Es decir, para decir lo mismo, los japoneses y españoles necesitamos más sílabas que, por ejemplo, los alemanes o los vietnamitas.

Es como las alas de los pájaros, explicó el investigador Christophe Coupé: “Podés tener alas grandes que baten lento o alas chiquitas que baten mucho. Pero al final, todos vuelan”.

Así, todos los idiomas analizados —desde el francés hasta el tailandés— transmiten en promedio unos 39 bits de información por segundo, lo que sugiere un equilibrio natural en la evolución lingüística para adaptarse a los límites del procesamiento humano.

¿Qué estamos midiendo cuando medimos velocidad?

La respuesta corta sería: depende. Depende de si medimos sílabas por segundo, palabras por minuto, dificultad cognitiva, ritmo articulatorio o densidad informativa, un concepto anclado en la teoría de la información de Claude Shannon.

Incluso dentro de una misma lengua, la velocidad varía por región, contexto y estado emocional. En español, podemos omitir pronombres sin perder sentido (“soy” en lugar de “yo soy”), mientras que lenguas como el hebreo directamente prescinden del verbo “ser” en presente.

Y si nos vamos al extremo, hay lenguas como el paamesa, hablada en Vanuatu, donde el mero posesivo ya transmite una intención: “mi coco” puede implicar que lo vas a comer, que lo cultivaste o que lo vas a usar para otra cosa. Ahí, cada palabra viene con su manual de instrucciones.

Entonces, ¿quién gana?

Si te referís a quién dice más sílabas por segundo, el japonés se lleva el oro. Pero si hablamos de eficiencia cognitiva, todos los idiomas están empatados: evolucionaron de forma distinta, pero llegaron al mismo punto.

¿Y el español?

El español no solo es rápido: también es un idioma riquísimo, con una morfología que permite sintetizar conceptos en pocas palabras. Esa habilidad para decir mucho con poco lo convierte en uno de los idiomas más expresivos y matizados del planeta.

Así que la próxima vez que te acusen de hablar demasiado rápido, podés responder con datos: sí, hablás rápido, pero no por eso decís menos. Simplemente hablás como se debe en uno de los idiomas más eficientes del mundo.

¿Y vos? ¿Sentís que hablás más rápido que otros? ¿Qué otras lenguas te parecen vertiginosas al oído? ¿Creés que la velocidad influye en la manera de pensar?

Exit mobile version