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¿Qué es un boludo? ¿Y un pelotudo?

Bienvenidos a la Argentina, el país donde el insulto se convierte en apodo, el apodo en saludo, y el saludo en un guiño cómplice entre dos que se entienden con una sola palabra: boludo.

Acá, boludo no es solo una palabra. Es un universo. Una forma de estar en el mundo. Una categoría existencial, diría algún filósofo con tiempo libre. Porque sí, en Argentina podés ser un boludo, un pelotudo, un cheto, un gil, un tordo, un zurdo, un bostero, un gorila o un mamerto… y todo en la misma conversación.


¿De dónde sale esta joya lingüística?

Los términos “boludo” y “pelotudo” se usan a diario, como saludo (“¿qué hacés, boludo?”), como insulto (“¡pero sos un pelotudo bárbaro!”) o incluso como categoría política, filosófica o cultural. Pero su origen tiene más historia que muchos imaginan.

Durante las guerras de la independencia en el siglo XIX, los gauchos peleaban sin más defensa que coraje, piedras y facones. Se organizaban en tres filas:

  1. Los pelotudos, que cargaban pelotas de piedra atadas a tientos.
  2. Los lanceros, con facones amarrados a cañas tacuara.
  3. Los boludos, armados con boleadoras.

Cuando cargaba la caballería realista, los pelotudos se plantaban a pie firme y le daban a los caballos en el pecho. Los lanceros aprovechaban el caos para pinchar a los que caían. Y los boludos los terminaban de rematar con las boleadoras. En criollo: eran los valientes de la primera línea. Pero con el tiempo, el término se resignificó, como todo en Argentina.


De valientes a giles

Cerca de 1890, un diputado dijo en voz alta en el Congreso: “no hay que ser pelotudo”, en referencia a los que iban de frente sin pensar. Desde ahí, lo que empezó como un elogio al coraje se volvió sinónimo de ingenuidad, torpeza o, directamente, estupidez.

Hoy, el “boludo” argentino puede ser:


Cultura del apodo: el arte de rebautizar al otro

En Argentina, todos tienen un apodo. Y la lengua se amasa con picardía. Acá va un pequeño glosario de sobrenombres y etiquetas populares:

Y así podríamos seguir hasta el infinito, porque la creatividad argentina no se agota.


Momentos estelares del “pelotudo” nacional

El insulto se ha vuelto histórico. En 2019, Pichetto explotó en Casa Rosada y le gritó al entonces ministro Dietrich: “¡Sos un pelotudo!”. Lo dijo frente a Macri, y explotaron las redes. En 2020, Susana Giménez sentenció: “Es una pelotudez eso de encerrar a los viejos”. Y hace poco, en pleno debate por la ley Bases, Pichetto volvió a dar cátedra:
“¡No aplaudan nada, viejo… no sean pelotudos, parece que están en una fiesta!”


¿Insulto o caricia?

El boludo argentino tiene un superpoder: sobrevive a todos los cambios de gobierno, a las crisis, al dólar, al FMI y a TikTok. Se transforma. Se adapta. A veces es amoroso. A veces es agresivo. A veces es lo único que nos queda para nombrar lo que no se puede decir con otras palabras.

Porque si algo somos, además de buenos para el asado y el chisme, es unos boludos hermosos.

Bienvenidos al país donde todo puede ser una pelotudez… pero se dice con cariño.


¿Y vos? ¿Sos más boludo o pelotudo?
Comentá, discutí, puteá con amor o pasá de largo. Pero no te olvides:
en esta tierra, el que no es boludo, al menos hace lo posible por parecerlo.

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