En la esquina del siglo XXI y la avenida del algoritmo, el marketing tal como lo conocíamos parece haber muerto. Ya no hay embudo, ni túnel de conversión, ni camino lineal que lleve al consumidor de la vidriera al mostrador. Ahora todo es simultáneo, líquido, imprevisible. Y en este nuevo mapa de consumo, la cultura no se queda atrás.
El informe “Essentials Summer – The CMO Must-Read” lanzado por Think With Google revela lo que ya intuíamos desde Palermo hasta Chacarita: el consumidor moderno ya no camina, sino que salta. Salta entre plataformas, entre contenidos, entre estados de ánimo. Un ratito busca, otro ratito scrollea, después compra algo y termina viendo un podcast. Todo al mismo tiempo. Todo en la misma sopa de bits.
Del embudo a los mapas de influencia
Lo que antes era un embudo de decisiones ahora es una maraña de estímulos. En ese caos, las marcas (y también los artistas, los medios, los espacios culturales) tienen que aprender a estar donde la gente está. No a esperarla en un mostrador. Como bien dice el informe: “Los consumidores son predeciblemente impredecibles”.
Por eso, desde Google proponen reemplazar el viejo embudo por algo más jugado: mapas de influencia. Una suerte de cartografía emocional, digital y espontánea que nos diga cuándo, dónde y cómo influir en el usuario. Porque si un pibe empieza su viaje viendo un video de un creador en YouTube, pasa por una búsqueda en Google, entra a un sitio y después compra desde el celu mientras mira la tele… ¿en qué momento le vendiste la idea?
El teatro de los nuevos consumos
Esta revolución no es solo técnica. Es profundamente cultural. Lo que está cambiando no es el canal: es la forma de desear, de prestar atención, de elegir. Las marcas ya no compiten por precio. Compiten por segundos de atención. Y en ese escenario, los creadores de contenido son los nuevos actores principales.
YouTube, por ejemplo, se transformó en el teatro más visto del mundo. Hay más de mil millones de horas vistas por día… y no es ficción. Son podcasts, tutoriales, reseñas, lives, cortos, largos y documentales. Todo hecho por creadores que entienden el pulso de la calle digital.
¿Los artistas plásticos? ¿Los músicos independientes? ¿Los gestores culturales? Ellos también están llamados a jugar en esa liga. No se trata de “hacer contenido por likes”, sino de entender que el territorio cultural se volvió multiformato y multicanal. Y que si no estás ahí, simplemente no existís.
¿Y Palermo qué?
Desde ya, el barrio más influyente de Buenos Aires tiene su rol en esta película. Acá se crean tendencias, se prueban formatos, se montan ferias de arte, festivales de cine boutique y performances que viralizan más rápido que cualquier plan de medios.
Pero para que la cultura palermitana siga siendo vanguardia, hay que abrazar esta nueva forma de pensar la comunicación. Con inteligencia artificial, sí. Pero también con inteligencia barrial, con sensibilidad artística y con olfato para lo que vibra en la calle.
Conclusión: cultura y algoritmo, ¿enemigos o aliados?
La pregunta que queda flotando es si esta cultura mediada por IA nos está acercando o alejando de lo humano. ¿Estamos creando vínculos auténticos o algoritmos de consumo? ¿Podemos ser creativos en un ecosistema que nos predice antes de decidir?
La respuesta, quizás, está en seguir haciendo lo de siempre: crear. Pero ahora con un ojo en la poesía y otro en los datos.
¿Y vos? ¿Cómo pensás que la IA va a transformar el arte y la cultura en tu barrio?
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