Dicen que hay tangos que se bailan y tangos que te bailan el corazón. Y dentro de esa segunda estirpe, la más honda y visceral, brilla “Luces de mi ciudad”, esa marcha tanguera compuesta por el genio de Mariano Mores, que supo ser, en la Buenos Aires que vestía saco blanco y peinaba gomina, el arquitecto melódico de la nostalgia popular.

Mariano Mores. Luces de mi ciudad.
Pianista de alma, compositor de ley y director de orquesta con galera invisible, Mariano Mores nació en San Telmo el 18 de febrero de 1918. Desde chico mamó el empedrado, el bandoneón en la esquina y la radio a galena en la cocina. No fue un músico más. Fue el que le puso marcha al recuerdo, perfume a la ausencia y una cadencia de vals al corazón de los porteños.
“La luz de mi ciudad, dibuja en sombras el ayer feliz…”
La letra lo dice todo. “Luces de mi ciudad” no es una canción: es una postal en sepia con sonido envolvente. ¿Quién no recuerda esa melodía pegando de lleno en el alma en cada programa de “Feliz domingo”? Era escuchar los primeros compases y, ¡zas!, se te llenaban los ojos de un rocío que no se explica, pero se siente.
Y sí, fue Silvio Soldán, ese paladín televisivo de los tiempos de oro, quien le dio escenario masivo a esa obra. Pero la música… la música venía de antes, de un alma de músico con nombre de tango: Mariano Mores.
“Hay que imaginar la situación dramática, intuirla y vestirla de melodía. El perfume, la armonía y el alma… Todo eso viene después”, decía él.
Era el método Mores. Primero la emoción, luego la estructura. Como en la vida: primero la herida, después el recuerdo.
El tango como promesa de eternidad
Mores empezó a tocar el piano a los 6 años y a los 16 ya lo contrataban para orquestas profesionales. Tocó con Canaro, compuso con Discépolo, compartió noches con Troilo y se permitió algo que pocos lograron: reinventar el tango sin traicionarlo.
Obras como Uno, Gricel, Tanguera o Adiós pampa mía no necesitan presentación. Se cantan solas en la memoria colectiva. Pero Luces de mi ciudad tiene algo distinto. Es tango y es marcha. Es nostalgia y es festejo. Es domingo a la tarde en una Buenos Aires donde los clubes de barrio todavía tenían milonga, y el amor se esperaba en la vereda con un clavel escondido bajo el saco.
“Un astronauta de la música”
Así lo definió Soldán: “No tenía cien obras, pero las que tenía… eran todas inmortales. Un compositor exquisito y fuera de serie. Un astronauta de la música. Irremplazable”.
¿Exagerado? Para nada. Mores fue el último gran romántico del tango que además entendió cómo transformarse sin entregarse a lo banal. En su música convivían la orquesta típica y el espíritu sinfónico, el bandoneón y el piano clásico.
Y además, era showman. Lo suyo no era sólo escribir partituras: era construir climas, levantar atmósferas, hacer llorar sin decir una palabra.
Luces del ayer, sombras de hoy
Un lector escribió hace un tiempo:
“Veo mi Argentina de hoy y me dan ganas de llorar. Qué grandes fueron aquellos valores del tango y cómo me hubiese gustado reconocerlos con un presente mejor”.
Y sí. Porque mientras en la Legislatura Porteña discuten si una calle se llama como un tuitero o un influencer, Luces de mi ciudad sigue sin ser himno oficial, aunque lo sea en cada corazón que vivió esa Buenos Aires de cortinas de macramé, carteros con bicicleta y radios que chiflaban cuando se les acababa la válvula.
¿No debería serlo? ¿No merecería Mariano Mores que su música, que es la música de la ciudad misma, tenga ese reconocimiento? ¿O necesitamos que venga Netflix a contar nuestra historia para valorarla?
De Palermo a San Telmo, de la radio a la eternidad
“Luces de mi ciudad” debería sonar cada vez que el Obelisco se ilumina o cada vez que un pibe en la Plaza Armenia le roba un beso a su amor entre murales y fainá. Es tango, pero también es Buenos Aires misma.
Y por eso te invitamos, lector querido, a escribirnos. Queremos saber cómo era tu televisor blanco y negro. Cómo era la radio de la abuela. Cómo era ese domingo que hoy te parece tan lejano pero que vuelve con fuerza cuando suena esta melodía.
Tal vez recuerdes un club barrial, una milonga, un beso con olor a Geniol, una noche que se fue pero sigue viva en un acorde.

Epílogo: más que una melodía
Mariano Mores no está olvidado. Está vivo en cada porteño que se emociona con un bandoneón, en cada tango que se escucha en una plaza, en cada lágrima que cae cuando uno no sabe por qué. Está en cada pibe que se atreve a soñar con una música que no se vende, pero se siente.
Y Luces de mi ciudad, esa marcha gloriosa que él regaló al alma porteña, no es solo una canción. Es un testimonio. Una bandera. Un farol encendido cuando todo parece apagarse.
Como él mismo escribió:
“LA LUZ DE MI CIUDAD, DIBUJA EN SOMBRAS EL AYER FELIZ… Y CADA VEZ TRAERÁ UN RECUERDO MÁS: LA LUZ, LA LUZ, LA LUZ DE MI CIUDAD.”
Feliz domingo, lector querido. Que nunca te falte una melodía para volver a casa.
Los contemporáneos de Mariano Mores, artistas, autores, compositores y músicos que compartieron época —y muchas veces escenario, inspiración y rivalidad— con él. Algunos fueron colegas directos, otros simplemente cohabitantes de una era gloriosa del tango y la música argentina, especialmente entre las décadas de 1930 y 1960:
Compositores y músicos contemporáneos de Mariano Mores
1. Aníbal Troilo (Pichuco)
Bandoneonista, compositor y director de orquesta. Mores lo admiraba profundamente. Fue quien mejor “codificó” —según él— sus obras.
2. Osvaldo Pugliese
Pianista revolucionario del tango, con una orquesta mítica y una vida comprometida con la música popular y las causas sociales.
3. Carlos Di Sarli
Pianista y director de orquesta. Su estilo elegante y sobrio lo convirtió en uno de los pilares del tango bailable.
4. Juan D’Arienzo
“El Rey del compás”. Su orquesta marcó el ritmo del tango más bailable de los años 40 y 50.
5. Francisco Canaro
Fue quien le dio su primera gran oportunidad a Mores, integrándolo a su orquesta. Un peso pesado del tango de salón.
6. Homero Manzi
Letrista exquisito de tangos eternos como “Malena” o “Sur”. Poeta de los arrabales y las penas porteñas.
7. Enrique Santos Discépolo
Creador de tangos como “Cambalache” y “Uno” (este último con música de Mores). Filósofo del desencanto rioplatense.
8. Cátulo Castillo
Letrista sensible y profundo. Obras como “La última curda” o “Tinta roja” lo ubican entre los grandes.
9. Virgilio y Homero Expósito
Compositor y letrista respectivamente. Creadores de “Naranjo en flor”, entre otros. Poesía y melodía de alta gama.
10. Sebastián Piana
Compositor de tangos, milongas y valses criollos. Trabajó con Manzi y otros grandes.
Cantantes y vocalistas destacados
11. Hugo del Carril
Actor, director y cantante. Voz potente y popular, símbolo del tango canción y el cine argentino clásico.
12. Alberto Marino
Cantor de Troilo, dueño de una voz elegante y melancólica.
13. Edmundo Rivero
Voz grave y recia, le dio identidad al tango recitado y sentido.
14. Roberto Goyeneche (El Polaco)
Más joven, pero contemporáneo artístico. Fue el que trajo la declamación al canto tanguero con un estilo único.
15. Nelly Omar
Cantora de fuerte personalidad y compromiso político. Gran figura del tango y la milonga.
16. Azucena Maizani
Figura femenina central del tango canción en sus primeras décadas.
Otros artistas contemporáneos del mundo del espectáculo
17. Tita Merello
Actriz y cantante. Figura icónica del cine argentino y símbolo de la mujer fuerte del arrabal.
18. Libertad Lamarque
“La Novia de América”, actriz y cantante de tango con enorme proyección internacional.
19. Ada Falcón
Cantante mítica, musa y compañera de Canaro, que terminó retirada en un convento.
20. Luis Sandrini y Niní Marshall
Actores contemporáneos a la escena tanguera, compartieron películas y teatros con muchos músicos de la época.
Letristas y poetas menos conocidos pero clave
21. José María Contursi
Hijo del mítico Pascual Contursi, escribió letras de altísima calidad como “Tu piel de jazmín”.
22. Enrique Cadícamo
Letrista prolífico y elegante. Autor de tangos como “Nostalgias” o “Los mareados”.
23. Eladia Blázquez
Más joven pero ya activa en los últimos años de esplendor del tango clásico. Renovadora del género.