El 21 de mayo de 1810 marcó un punto de no retorno en la gestación de la Revolución de Mayo. Mientras el Cabildo intentaba ganar tiempo, la presión popular, organizada y decidida, hizo temblar los cimientos del orden colonial. Liderados por French y Beruti, cientos de patriotas coparon la Plaza de la Victoria, exigiendo la convocatoria al Cabildo Abierto. La jornada terminó con una decisión histórica: el virreinato ya no tenía el monopolio de la autoridad.
Una plaza ocupada por el pueblo: el amanecer revolucionario
Buenos Aires, 21 de mayo de 1810. Bajo una llovizna persistente y en medio de la tensión creciente, la Plaza de la Victoria —hoy Plaza de Mayo— fue copada por cerca de 600 hombres decididos a cambiar el curso de la historia. La sociedad criolla, harta del doble discurso del virrey Cisneros y de las maniobras dilatorias del Cabildo, se plantó con firmeza. El lema era claro: Cabildo Abierto ya.
Al frente de esa presión civil organizada estaban dos nombres que quedarían grabados en la memoria patria: Domingo French y Antonio Luis Beruti. Ambos formaban parte del sector más radicalizado de los patriotas y eran miembros de la llamada “Legión Infernal”, una agrupación armada que ejercía presión política y simbólica en las calles.
Con sombreros adornados con imágenes de Fernando VII —rey depuesto por Napoleón pero usado como emblema político por los criollos para legitimar su accionar— y cintas blancas en el pecho como símbolo de unidad frente al vacío de poder, French y Beruti encabezaron una manifestación que combinó lo estético, lo político y lo militar.
Los hechos se precipitan: Saavedra interviene, Leiva anuncia
Mientras el Cabildo sesionaba a puertas cerradas, intentando dilatar la decisión de convocar a un Cabildo Abierto, el clima en la plaza se tornaba cada vez más espeso. No era una reunión espontánea: muchos de los asistentes eran milicianos, vecinos influyentes, jóvenes ilustrados, y trabajadores urbanos con conciencia política.
La presión fue tal que Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios —la milicia más poderosa de la ciudad— se vio obligado a intervenir. Ante los cabildantes, dejó en claro que si no se accedía a la demanda popular, habría consecuencias políticas y militares. La figura de Saavedra fue clave para que el movimiento patriota tuviera el respaldo de las armas sin necesidad de derramar sangre.
Finalmente, el síndico Julián de Leiva, desde uno de los balcones del Cabildo, anunció la convocatoria al Cabildo Abierto para el día siguiente, 22 de mayo de 1810. El clamor popular se había impuesto. Por primera vez, se admitía formalmente que las decisiones que afectaban al virreinato debían contar con el aval de sus habitantes más influyentes.
¿Reforma o revolución?
El Cabildo Abierto era una herramienta jurídica del régimen español, pero los patriotas sabían que en ese acto se abría la puerta a un nuevo poder. La convocatoria incluía a vecinos notables, muchos de ellos alineados con la causa criolla, y excluía a figuras consideradas hostiles al proceso revolucionario.
El Cabildo Abierto del 22 de mayo fue la antesala de la destitución de Cisneros, la formación de la Primera Junta y el inicio de un proceso independentista que culminaría en 1816. Pero sin el 21 de mayo, sin esa plaza tomada por la decisión popular, nada hubiera sido posible.
¿Qué hubiera pasado si ese día el pueblo no se movilizaba? ¿Si French y Beruti no desafiaban al poder con símbolos y cuchillos? ¿Estaría aún vigente el dominio español? ¿Habría llegado Mayo a ser Revolución?
La historia, una vez más, no fue escrita solo por los próceres que firmaron documentos, sino por los cuerpos presentes en la calle, por las voces que exigieron y por los silencios que temblaron ante el rugido de la multitud.
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