Transformaciones edilicias del Mercado del Abasto.

El Abasto Shopping (también conocido como Shopping de Abasto o El Abasto) es uno de los centros comerciales más grandes y exitosos de Buenos Aires. Su edificio, es uno de los destacados de la historia de la Ciudad de Buenos Aires por la función que cumplió en el pasado, su audacia estructural y también por ser el primer edificio en ser construido a base de hormigón armado.

Ocupa el lugar del antiguo Mercado de Abasto Proveedor. Del edificio original, inaugurado en 1893, sólo quedó en pie el muro perimetral. Sin embargo, este fue todo un hito para el modelo de construcción de su época, pues se uti­li­zó por vez pri­me­ra gran­des es­truc­tu­ras de hie­rro fa­bri­ca­das por la fir­ma argentina Pe­dro Va­se­na, don­de se fun­die­ron las co­lum­nas, ca­ñe­rías, vi­gas, et­cé­te­ra. Hasta ese entonces el hierro  siem­pre ha­bía si­do im­por­ta­do, pie­za por pie­za, de In­gla­te­rra. En un principio ocupaba tan solo 1300 m², pero con el tiempo fue modificándose y ampliándose, incorporando, por ejemplo, un anexo para venta minorista y , en 1933, una conexión con la línea B de subterráneos a fin de facilitar el transporte de las mercaderías.  

El crecimiento de las demandas de la ciudad originó la necesidad de nuevos mercados y la ampliación de los ya existentes, por lo que se emprendió un nuevo proyecto, un Mercado Nuevo en donde funcionaba el viejo, que ampliara las capacidades de este.  

El nuevo mercado fue diseñado por el arquitecto esloveno Viktor Sulčič, y fue proyectado y dirigido por el estudio Delpini-Sulcic-Bes, al cual aquél pertenecía. Estos presentaron un re­vo­lu­cio­na­rio pro­yec­to de edi­fi­cio acor­de con el gran cam­bio a ni­vel mun­dial de las con­cep­cio­nes ar­qui­tec­tó­ni­cas, apa­re­cien­do en­tre los nue­vos ma­te­ria­les de cons­truc­ción el hormigón, que co­men­za­ba a usar­se con ma­yor fre­cuen­cia es­pe­cial­men­te en edi­fi­cios mo­nu­men­ta­les. Esta elección del material le permitió entrar en la categoría de brutalista, ya que es el material de preferencia en las obras de este estilo arquitectónico. Es más, el nombre proviene del término francés béton brut u ‘hormigón crudo’.

A su vez, el diseño realizado por Sulčič sigue el estilo art deco.  Este se centró en la decoración aplicada y el embellecimiento de edificios con diseños de bordes duros y bajo relieve. Al igual que el brutalismo, dentro de los materiales de construcción que utiliza la arquitectura art-deco, se encuentran los bloques de hormigón. También utiliza vidrio decorativo o bloques de vidrio para las aberturas de las paredes como un medio para maximizar la luz natural y proporcionar un contraste entre las formas sólidas y vacías. Dos de las características principales de la fachada del Abasto.  

La estructura de la fachada es una compleja y monumental combinación de cinco bóvedas de hormigón armado –la central de mayor altura– perpendiculares a la Av. Corrientes, con otras secundarias orientadas hacia otras dos calles de la manzana: Agüero y Anchorena. Esta fachada me­re­ció el Pri­mer Pre­mio Mu­ni­ci­pal de Fa­cha­das en la Ca­te­go­ría A que fue otor­ga­do a los au­to­res en 1937.  

Además de pensarlo bello, los arquitectos debían integrar el diseño a la modernización que se estaba dando en la ciudad y aprovechar los avances de la tecnología para con­tem­pla­r múl­ti­ples as­pec­tos, es­pe­cial­men­te los re­fe­ri­dos a la hi­gie­ne, eli­mi­na­ción de re­si­duos, ven­ti­la­ción, cir­cu­la­ción y ac­ce­sos pa­ra el pú­bli­co. En ese sentido, fueron muy importante los sistemas electro magnéticos, colocados en los ventanales de la fachada que permitían regular la ventilación a gusto y los sistemas de extractores que permitían renovar el aire en todo momento; también la implementación del “glass-beton”, una estructura de vidrio armado empleada no sólo como cerramiento con ingreso de luz controlada sino como aislamiento térmico.  

La com­ple­ji­dad del edi­fi­cio su­pu­so un no­ta­ble de­sa­fío pa­ra los jó­ve­nes pro­fe­sio­na­les, es­pe­cial­men­te pa­ra el in­ge­nie­ro Del­pi­ni, cu­ya obra cul­mi­na­ría en otros tra­ba­jos de en­ver­ga­du­ra, en­tre los que se des­ta­ca el es­ta­dio de Bo­ca Ju­niors, con­tem­po­rá­neo del Mer­ca­do, en los que se uti­li­zó tam­bién es­truc­tu­ras de hor­mi­gón ar­ma­do.

La no­ble­za de los ma­te­ria­les em­plea­dos se pu­so a prue­ba en no­viem­bre de 1952, cuan­do un­ in­cen­dio ini­cia­do en el se­gun­do sub­sue­lo se ex­ten­dió du­ran­te tres días des­tru­yen­do par­te del edi­fi­cio y pro­vo­can­do la caí­da de már­mo­les y re­ves­ti­mien­tos. El pro­pio in­ge­nie­ro Del­pi­ni se aper­so­nó pa­ra dar ins­truc­cio­nes so­bre la for­ma de com­ba­tir el fue­go sin afec­tar las es­truc­tu­ras que re­sis­tie­ron es­ta du­ra prue­ba. Los da­ños fue­ron re­pa­ra­dos y la obra vol­vió a lu­cir to­da su be­lle­za.

Sin embargo, en 1971 el gobierno nacional promulgó una ley que establecía la creación de un Mercado Central único con el monopolio de comercialización mayorista de artículos alimenticios de primera necesidad. Por lo que en 1984 se dispuso el cierre del Mercado de Abasto y el edificio quedó clausurado.

En 1985 el concejo deliberante declaró al ex-mercado patrimonio cultural de la ciudad, impidiendo de esta manera su demolición. Por lo que en 1995, luego de varias idas y vueltas, comenzó el proceso de remodelación edilicia para convertirlo en un centro comercial de carácter contemporáneo. De las doce arcadas que el Mercado Viejo tenía sobre la calle Lavalle actualmente se utilizan sólo dos como salidas del estacionamiento, y el resto están tapiadas y usadas como espacio para publicidad. Los interiores originales del Mercado fueron demolidos para modernizar el interior. Se crearon más de 230 locales repartidos en cuatro plantas, y se incorporaron escaleras mecánicas. Por otro lado, si se conservaron las naves casetonadas (el techo), elemento emblemático de la obra.  

El proyecto, que además remodeló partes del edificio original, agregó un edificio nuevo que  funciona como puente entre las dos construcciones de diferentes períodos a través del vacío, con una fachada vidriada y dos plazas secas con escalinatas (una sobre la calle Agüero y la otra sobre Anchorena).  

El reciclaje de este edificio, en concordancia con el cambio de función desde el Mercado Viejo al Shopping Center Abasto de Buenos Aires, nos demuestra cómo la arquitectura y los espacios se deben adaptar a las necesidades del momento, pero que ciertos detalles sustanciales de las obras se deben conservar pues forman parte de nuestro patrimonio histórico cultural.  

Lola. S (@lolask_)