El estilo canyengue en el tango
El canyengue es un estilo primitivo del tango argentino, caracterizado por su marcado ritmo arrabalero y una forma de baile provocativa y sensual. Este estilo inicial de tango –también llamado tango orillero o tango arrabalero– surgió hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX en los barrios bajos de Buenos Aires y Montevideo
A continuación se exploran sus orígenes y características en el tango antiguo, su evolución e influencia en las grandes orquestas típicas, su presencia en el tango contemporáneo, y el papel fundamental de Ruperto Leopoldo “El Africano” Thompson en la introducción del estilo canyengue.
Origen y características en el tango antiguo (primitivo)
El estilo canyengue se originó en los entornos marginales del Río de la Plata, bailado inicialmente por compadritos, afro-rioplatenses y clases populares en academias y patios de conventillo. De hecho, la propia palabra canyengue tiene raíz africana: proviene del kimbundu (lengua bantú) y surgió de la combinación de candombe y yongo, derivando primero en canyongo y luego en canyengue
En aquellos años tempranos, tango era un término general para bailes de los negros, y el tango canyengue representó la fusión de ritmos afro-rioplatenses (como el candombe y la milonga) con otras danzas europeas, dando lugar a un género nuevo adaptado a un baile cadencioso y sensual
En cuanto a la forma de baile, el canyengue se distinguía por un abrazo muy cerrado, con los cuerpos inclinados juntos (pecho con pecho) y un posicionamiento algo lateral de la pareja. Los pasos eran cortos, con rodillas flexionadas, acompañados por movimientos cadenciosos de cadera —el famoso “caminar canyengue” del compadrito— y frecuentes cortes y quebradas (interrupciones y quiebres repentinos del movimiento) que le daban un aire provocativo. Era, en esencia, un estilo de tango fuertemente marcado por el corte y la quebrada, con un abrazo estrecho y los cuerpos en contacto, lo que lo hacía muy atrevido para la época
Por su carga de intensa sensualidad, el canyengue se bailaba principalmente en los arrabales (suburbios) y prostíbulos, considerado inapropiado para círculos sociales respetables
A medida que el tango ganó aceptación social, este estilo inicial fue transformándose. Hacia la segunda década del siglo XX, surgió el tango de salón (o tango liso), que “adecentó” el canyengue: separó ligeramente los cuerpos, eliminó o suavizó los cortes más osados y se centró más en caminar elegantemente al compás
Para los años 1920 el tango canyengue original había quedado relegado de los salones principales, dando paso a un baile más refinado; sin embargo, su impronta rítmica y pasional seguiría influyendo en la música y la danza del tango en las décadas siguientes.
Desarrollo e influencia en las grandes orquestas típicas
En el plano musical, el canyengue aportó al tango un compás bien marcado y una base rítmica poderosa, que fueron fundamentales en el desarrollo de las primeras orquestas típicas (conjuntos instrumentales de tango). Un hito importante fue la incorporación del contrabajo en las orquestas de la Guardia Vieja. Hasta aproximadamente 1910 las formaciones de tango eran tríos o cuartetos sin bajo; pero en 1917, los directores Francisco Canaro y Roberto Firpo ampliaron sus conjuntos para los carnavales de Rosario e introdujeron como novedad el contrabajo, en manos de Ruperto “El Negro” Thompson
La llegada del contrabajo proporcionó una base rítmica más sólida –“la cima rítmica, el instrumento imprescindible para marcar el compás del tango” – que llegó para no irse nunca más en la música tanguera.
Con la intervención de Thompson como primer contrabajista destacado, nacieron también nuevos efectos sonoros. En particular, Thompson es reconocido por crear el llamado “efecto canyengue” en la ejecución del contrabajo
Este efecto consiste en golpear las cuerdas con el arco o con la palma de la mano, usando el contrabajo casi como instrumento de percusión, para acentuar el ritmo
En ocasiones Thompson incluso percutía la caja del contrabajo (el cuerpo de madera) para reforzar la base rítmica
Estas innovaciones rítmicas enriquecieron el acompañamiento del tango y le imprimieron un “sello” canyengue muy particular, describiéndose como pequeños golpes dados al instrumento “como si fuese un tambor”
Este estilo rítmico dotó al tango de un swing arrabalero inconfundible que sería emulado por otras orquestas.
Durante las décadas de 1910 y 1920 (la Guardia Vieja y comienzos de la Guardia Nueva), muchas orquestas típicas adoptaron ese compás vivaz y cortado asociado al canyengue. Orquestas como las de Francisco Canaro, Juan “Pacho” Maglio, Roberto Firpo, Francisco Lomuto, Edgardo Donato e incluso las primeras grabaciones de Juan D’Arienzo reflejan el ritmo canyengue en sus tangos
También la famosa Orquesta Típica Víctor —conjunto de la discográfica Victor en los años 20— grabó numerosos tangos con marcado sabor orillero/canyengue
Estas formaciones mantenían un tempo ágil (muchos tangos se interpretaban en compás de 2/4 en la Guardia Vieja) y acentuaban fuertemente el compás para el lucimiento de los bailarines. Si bien hacia fines de los años 1930 el estilo de baile predominante ya era el tango de salón más elegante, el espíritu canyengue pervivió en la música: por ejemplo, la orquesta de Juan D’Arienzo en la segunda mitad de los 30 revivió el compás bien marcado y rítmico, ganándose el apodo de “Rey del Compás”. En suma, el legado del canyengue se hizo sentir en las grandes orquestas típicas al consolidar la base rítmica del tango y aportar recursos percusivos e interpretativos que enriquecieron el género.
El canyengue en el tango contemporáneo
Aunque el tango canyengue como baile tradicional prácticamente desapareció de las pistas hacia mediados del siglo XX, su esencia no se perdió. En la segunda mitad del siglo XX y especialmente a partir del renacimiento del tango en los años 1980, hubo un renovado interés por rescatar estilos históricos. Bailarines y maestros milongueros comenzaron a reconstruir el canyengue basándose en la memoria oral, fotografías antiguas y las descripciones de la Guardia Vieja. Gracias a esto, el canyengue sobrevive hoy como un estilo histórico recreado: algunas parejas de baile enseñan y exhiben tango canyengue en festivales y milongas especiales, conservando su abrazo apretado, pasos cortos y juego rítmico lúdico. Existe consenso entre estos practicantes contemporáneos en las características fundamentales del estilo (postura en “V”, flexión de rodillas, cadencia juguetona, etc.), pese a que no quedan bailarines originales de la era 1900-1930
De este modo, el canyengue se ha incorporado al repertorio pedagógico y escénico del tango actual, como una pieza de patrimonio cultural que conecta con las raíces más primitivas del género.
En el aspecto musical, la impronta del canyengue también se proyecta en el tango contemporáneo. Muchos recursos rítmicos originados en la Guardia Vieja fueron posteriormente integrados por grandes innovadores. Un caso destacado es el de Astor Piazzolla (y la generación siguiente de músicos de tango), quien retomó y amplió las técnicas percusivas del estilo canyengue en sus composiciones
En las orquestas de Piazzolla y sus discípulos, no solo el contrabajo sino también otros instrumentos (como el violín, el piano o el bandoneón) comenzaron a emplear golpeteos rítmicos y efectos sonoros no convencionales inspirados en aquel antiguo “efecto canyengue” de Thompson
Este aporte enriquece la paleta sonora del tango moderno y hoy es considerado “uno de los índices sonoros más relevantes del tango” contemporáneo
Por otra parte, varias orquestas típicas actuales se dedican a recrear el sonido de la Guardia Vieja, interpretando tangos canyengues con arreglos originales o modernos que invitan a bailar con el sabor de antaño. En la práctica social del tango, es común que en una milonga se programe alguna tanda de tangos canyengues (grabaciones antiguas de Canaro, Firpo, Donato, etc.) para deleite de bailarines que gustan de ese ritmo pícaro y milonguero. De este modo, el canyengue mantiene presencia en el tango actual, tanto en la música como en la danza, como un estilo venerado y recreado que evoca la esencia orillera de los inicios del tango.
Ruperto Leopoldo “El Africano” Thompson: su aporte al canyengue y al tango
Una figura clave en la historia del canyengue es Ruperto Leopoldo Thompson (1890-1925), apodado “El Africano” (o “El Negro” Thompson). Este contrabajista afroargentino, perteneciente a la generación de la Guardia Vieja, jugó un papel fundamental en la evolución del tango al introducir el mencionado estilo canyengue en la música. Si bien hubo contrabajistas anteriores, Thompson fue el primero en alcanzar renombre y dejar una huella perdurable en las orquestas típicas de su tiempo
Su participación en conjuntos de gran importancia –acompañando a directores y compositores como Roberto Firpo, Francisco Canaro, Eduardo Arolas, Osvaldo Fresedo y Julio De Caro– contribuyó a fijar el rol del contrabajo como base rítmica esencial del tango.
El aporte más célebre de Thompson fue la creación e introducción del “estilo canyengue” en la ejecución instrumental.
En términos musicales, esto significó enriquecer la forma de tocar el contrabajo con recursos rítmicos novedosos: Thompson intercalaba golpes rítmicos en las líneas de bajo, ya fuera percutiendo las cuerdas con el arco o con la mano, e incluso golpeando la caja del contrabajo.
Al hacerlo, incorporó al tango elementos percusivos de raíz africana, imitando el pulso de un tambor dentro de la melodía del tango. Este estilo de acompañamiento otorgó al tango un swing arrabalero inconfundible, el sello canyengue que definió el compás de muchos tangos de la vieja guardia.
La historiografía del tango le adjudica a Thompson la introducción de este estilo rítmico, que pronto se convirtió en costumbre en las orquestas típicas y “aún hoy se utiliza” en el género.
De hecho, técnicas derivadas de su efecto canyengue fueron adoptadas décadas más tarde por músicos de vanguardia como Piazzolla, extendiéndolas a toda la orquesta.
Además de su faceta como instrumentista innovador, Leopoldo Thompson contribuyó al tango como compositor, aunque brevemente debido a su temprana muerte. Compuso tangos como “Tren de farra”, “Mano brava” y “Buen viaje”, entre otros
Falleció joven, en 1925, pero su legado perduró. Pablo Cirio, investigador de la cultura afroargentina, señala que Thompson –aunque desconocido para muchos– “dejó su huella imborrable” en la historia del tango
Su estilo canyengue en el contrabajo marcó el tango de su época y cimentó una herencia rítmica que es parte integral de la identidad tanguera.