Lo que se quiere ocultar y el arte revela: la escultura de Pablo Míguez en el Río de la Plata
Desde el Parque de la Memoria, una figura adolescente emerge en las aguas del río como un faro de la verdad silenciada.
Un tributo único a la memoria colectiva
La escultura «Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez», de la artista Claudia Fontes, ocupa un lugar distintivo en el Parque de la Memoria, no solo por su carga simbólica sino también por su emplazamiento inusual: las aguas del Río de la Plata. Esta obra conmovedora representa la vida de Pablo Míguez, un adolescente desaparecido junto a su madre en 1977 durante la última dictadura militar en Argentina.
En la ribera porteña, frente al Parque de la Memoria, una escultura flotante desafía al olvido. Es la figura de Pablo Míguez, un adolescente secuestrado por la dictadura cívico-militar en 1977, cuya imagen fue rescatada del silencio gracias al arte de Claudia Fontes. Fundida en acero inoxidable y flotando sobre el Río de la Plata, la obra encarna la búsqueda persistente de Memoria, Verdad y Justicia.
La artista, nacida en 1964, tenía la misma edad que Pablo cuando ocurrió su desaparición. Esa coincidencia vital no es casualidad en el relato de esta pieza. La obra fue creada tras un profundo proceso de investigación, entrevistas con familiares, sobrevivientes de la ESMA, y el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Todo para construir no solo un retrato, sino una aparición simbólica desde la memoria colectiva.
Un cuerpo presente en el río del horror
No es cualquier escultura. No es una estatua de plaza. Es un retrato fantasma, flotante, que juega con el sol y el agua. A veces se ve, a veces no. Aparece y desaparece. Como tantos cuerpos arrojados en ese mismo río. Fontes utilizó acero pulido a espejo para que el entorno se refleje sobre la figura, creando un efecto óptico que invita a mirar, pero no permite ver del todo.
Desde el parque, la imagen aparece de espaldas. Solo quienes navegan el río pueden verla de frente. Esa elección, lejos de ser casual, habla de una verdad ineludible: hay cosas que solo se entienden cuando uno se mete en el barro, o en este caso, en el río.
Una postura que interpela
La figura de Pablo sostiene su propio codo en una actitud introspectiva. Está solo. Está contemplativo. Está allí, pero no del todo. Ese es el juego que propone Fontes: “Un retrato es siempre una posible versión… tal vez ésta es la más real posible porque está construida en base a la memoria colectiva desde distintos ángulos”, declaró la artista.
¿Dónde empieza el arte y dónde termina el testimonio? ¿Puede una escultura llorar por nosotros?
Arte y derechos humanos: un cruce necesario
La obra de Fontes forma parte del “Concurso Internacional de Esculturas” lanzado en 1999 para el Parque de la Memoria, un sitio emblemático en la Ciudad de Buenos Aires. Desde su inauguración, el parque ha sido un espacio de reflexión, encuentro y denuncia. Pero esta pieza, colocada sobre las aguas y no en tierra firme, amplía la noción del arte público: se trata de una escultura que es también un acto político.
La obra pone el cuerpo. Y no cualquier cuerpo. El de un pibe de quince años. El de todos los pibes que nos faltan.
La memoria como acto visual
“Me gusta creer que la imagen definitiva está cargada de la intención del trabajo, es visualmente inaccesible y se crea en la mente del espectador, mediante la evocación de su rastro”, explicó Fontes en entrevistas. Y en esa frase se condensa la fuerza de su obra: el arte como aquello que se escapa, pero que insiste. Lo que no se puede ver del todo, pero se siente con fuerza.
¿Puede el arte reemplazar una tumba? ¿Puede un retrato devolverle el rostro a un desaparecido?
Palermo, Colegiales y los ecos del río
Desde nuestras veredas en Palermo y Colegiales, el eco de estas aguas nos toca de cerca. Son muchos los vecinos que alguna vez marcharon, buscaron o todavía esperan justicia por un familiar desaparecido. Esta escultura nos interpela como comunidad. Nos recuerda que la historia no está en los libros, sino en los cuerpos que faltan, en los nombres que no están y en los rostros que, como el de Pablo, flotan en la memoria.
Un vínculo emocional con la comunidad
La obra, querida por los visitantes del Parque de la Memoria, ha generado incluso reacciones inesperadas. En una ocasión, al retirarla temporalmente para su mantenimiento, personal del Aeroparque Jorge Newbery alertó sobre su ausencia, mostrando la relevancia que esta figura ha adquirido en el paisaje y en la memoria colectiva.
La «Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez» no es solo una pieza de arte; es un recordatorio tangible de un pasado que persiste en la memoria y un homenaje a las víctimas cuya ausencia aún resuena en el presente.
196 31 de marzo
Nacimiento del/a nieto/a
1977 12 de mayo
Desaparición del/a nieto/a
más de 62 años
Edad estimada del/a nieto/a que buscamos
Pablo Antonio Míguez nació el 1° de marzo de 1963. El 12 de mayo de 1977, cuando tenía 14 años, fue secuestrado junto con su madre, Irma Beatriz Márquez Sayago, en un operativo realizado en su domicilio de la localidad bonaerense de Avellaneda.
Ese mismo día fue secuestrado Jorge Antonio. Irma permaneció detenida en el centro clandestino El Vesubio. Pablo fue visto en la Comisaría de Valentín Alsina, en El Vesubio, en Mansión Seré y en la ESMA.
Irma nació el 8 de noviembre de 1942 en la ciudad de Buenos Aires. Formó pareja con Juan Carlos. El 1° de marzo de 1963 nació Pablo Antonio y en 1965 Graciela Beatriz. Formó una segunda pareja con Jorge Antonio Capello y en 1975 nació Eduardo Adolfo. La joven militaba en la regional sur del PRT-ERP. Sus compañeros la llamaban «Violeta».
La mujer y su hijo continúan desaparecidos.