Escolazo y ruina: el tango trágico del jugador moderno

La ruleta gira, la máquina traga y escupe luces, el cartón canta línea y el alma se descascara. En el siglo XXI, la ludopatía no es un vicio, es una peste con peinado prolijo y barbijos de acrílico, que opera en salas con ventilación HEPA, alcohol en gel y la promesa cínica de la fortuna fácil. Pero la historia es vieja como el lunfardo, y las ruinas emocionales se apilan como fichas en la timba.

Ernesto Magnetto, no confundir con el del multimedio, se quedó sin guita, sin mina y sin dientes por culpa del escolazo. No fue una pandemia, no fue la inflación, no fue Milei ni Cristina. Fue el jueguito ese de tocar la pantalla del tragamonedas como si fuera una novia celosa, rogándole que le dé algo más que luces y ruidos.

Y no es el único. Según datos que no difunde ni el INDEC ni el BCRA pero que conoce cualquier psicólogo de hospital público, el 2% de la población adulta sufre ludopatía severa. No son todos crotos, no son todos viejos. Hay petiteros de Palermo, influencers con Twitch, señoras de barrio norte, colectiveros con aguinaldo recién cobrado y hasta jubilados que vuelven del PAMI directo al Casino Flotante a perder lo que no tienen.

El lunfardo ya lo había anticipado. “Misho”, “tirado”, “empilchar”, “apechugar”, “marroco”… Son palabras que narran una historia que siempre termina igual: sin guita, sin faso, sin feca, sin amor.

Y ahora, en 2025, el escolazo tiene ventilación cruzada, protocolos sanitarios y acrílicos anti-COVID. Pero no hay vacuna contra el vacío del alma que se llena con tragamonedas. No hay barbijos contra la compulsión. No hay distancia social entre el deseo y la ruina.

La gran pregunta es: quién queda trastornado realmente con todo esto. ¿El ludópata que juega? ¿El Estado que habilita las salas como si fueran hospitales del azar? ¿O la sociedad entera, que hace fila para entrar al casino como si la suerte se comprara con barbijo puesto y DNI en mano?

Hay tangos que lo sabían todo antes que la OMS. “Por culpa del escolazo me quedé bien en la vía”, cantaba Edmundo Rivero, y eso era diagnóstico y sentencia.

Hoy abren los casinos.
Hoy también se funden más vidas.
Hoy también, como siempre, el único que gana es la casa.

Por culpa del escolazo
(Milonga)
Letra: Mario Cecere
Música: Roberto Grela
Intérprete: Edmundo Rivero

Por culpa del escolazo Me quedé bien en la via, Las cosas que mama mía Me tuve que apechugar! Ya no podía empilchar, Andaba misho de fasos, Y al no gustarme el pechazo Ni los grupos pa’filar, Para poder escabiar Del whisky me fui al quebracho. Ya no aporté más al feca, Ni a la barra de la esquina, Le rajaba hasta a las minas Por si había que garpar. No faltó pa’completar Aquella cancha barrosa, Cuando una mina rasposa Que mi bulín compartía Se las tomara un buen día Al ver fulera la cosa. Empeñé el zarzo y el bobo, Refundí hasta la marroca, Del centro me fui a la boca A vivir en un altillo; El aire de conventillo Me fue ganando de apuro A fuerza e’marroco duro Ya no podía tirar Y al no poderme aguantar M’hice amigo del laburo. Hoy le rajo al entrevero De timbas y de paradas Minga de vida alocada Ya no tira la carpeta; Una grela que me aquieta Acusa sus beneficios Y sin hacer sacrificios Cuando hay tornillo en invierno Me tomo el sol de palermo De paso despunto el vicio.