El Eternauta: de la resistencia dibujada al boom en streaming, y la revelación que incomodó a Belgrano
l fenómeno de “El Eternauta” arrasa en Netflix y dispara un efecto secundario inesperado: miles de espectadores descubren que su autor, Héctor Germán Oesterheld, era marxista-leninista y fue desaparecido por la dictadura junto a sus cuatro hijas. En Barrancas de Belgrano, el barrio más coqueto de la zona norte, se organizó una recreación masiva del final de la serie, y la revelación cayó como nieve tóxica entre los fans desprevenidos.
Una nevada sobre la historia argentina
“El Eternauta” no es una serie más. No es una ficción postapocalíptica pensada desde el marketing ni una moda pasajera. Es, desde sus orígenes en 1957, una parábola de la resistencia colectiva, escrita en pleno surgimiento del peronismo proscripto, con ecos de la Guerra Fría, el imperialismo, la invasión extranjera y la traición interna. Y su autor, Héctor Germán Oesterheld, no solo fue un maestro de la historieta: fue un militante revolucionario que entregó su vida —literalmente— a sus ideas.
Oesterheld, geólogo de profesión, nacido en Buenos Aires en 1919, se convirtió en los años 50 en un referente central del cómic argentino con su estilo narrativo profundamente humano y político. Su obra máxima, El Eternauta, ilustrada originalmente por Francisco Solano López, planteaba ya desde entonces una historia de ciencia ficción con una estructura narrativa muy particular: el héroe no es un individuo, sino un colectivo. No hay superhombres, hay vecinos. No hay hazañas individuales, hay estrategias barriales.
En los años 70, Oesterheld radicaliza su pensamiento. Se suma a Montoneros y rehace “El Eternauta” con un tono abiertamente político. En esa segunda versión, publicada en 1976 por editorial Record, Juan Salvo ya no es un sobreviviente casual, sino un combatiente consciente, un tipo que elige la lucha. Eso lo puso en la mira de los militares.
Héctor Oesterheld fue secuestrado en abril de 1977. Nunca más se supo de él. Fue visto por última vez en el centro clandestino de detención El Vesubio, donde se encontraba bajo condiciones infrahumanas. La tragedia no terminó allí: sus cuatro hijas —Estela, Marina, Beatriz y Diana— también fueron desaparecidas. Todas militaban políticamente y tenían entre 20 y 30 años. Tres de ellas estaban embarazadas. Sus nietos fueron apropiados y solo algunos pudieron ser restituidos gracias a la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo.
La dictadura no solo lo desapareció a él, desapareció a su familia, su linaje y su legado… O eso creyó.
De las viñetas a Netflix, y de la conciencia al cringe cheto
La adaptación actual de El Eternauta, dirigida por Bruno Stagnaro y protagonizada por Ricardo Darín, logró lo impensado: que una historia creada en los años 50, revivida en los 70 y silenciada por el terrorismo de Estado, hoy sea furor global en una plataforma multinacional. Desde Nueva York hasta Ushuaia, The Eternaut (como lo renombraron) trepa entre los más vistos, compartiendo rankings con series anglosajonas.
La ficción mantiene su espíritu original, pero suma capas estéticas nuevas: efectos especiales, ambientación distópica en una Buenos Aires reconocible, y un tono más introspectivo en el personaje de Juan Salvo. Pero lo más importante es lo que la serie vuelve a poner sobre la mesa: la memoria. Y eso, en la Argentina, no es poca cosa.
Netflix puede venderla como una distopía climática. Pero cada escena está cargada de símbolos: las nevadas tóxicas, la resistencia vecinal, el poder invisible que avanza, el rol de las Fuerzas Armadas, el colaboracionismo empresarial, la traición interna. Todo eso está. Y cuando los espectadores empiezan a googlear a Oesterheld, la incomodidad llega.
Lo que pasó en Barrancas: cosplay, selfies y marxismo leninista
El fin de semana pasado, miles de personas se reunieron en la Glorieta de Barrancas de Belgrano para presenciar una recreación del final de la serie. Había cascarudos gigantes, camiones de utilería, actores vestidos como Juan Salvo, nieve artificial y merchandising. El barrio más pituco de la zona norte se tiñó —por unas horas— del espíritu del Eternauta.
Lo que nadie se esperaba era la revelación que brotó espontáneamente de las redes sociales: “¿Cómo que el autor era montonero?”, “¿Me estás diciendo que Oesterheld era comunista?”, “¿Por qué nadie me avisó que El Eternauta era marxismo leninismo para nenes?” fueron algunos de los comentarios virales de chetos indignados, influencers desorientados y fans desprevenidos. Algunos lloraron. Otros borraron historias. Un par se sacaron la foto con el cosplay y luego la eliminaron al enterarse de la filiación política del autor.
Un dato: Oesterheld está citado por nombre en el informe de la CONADEP. No es un rumor. No es mito. Es historia argentina. Y ahora, es trending topic.
En medio de la escenografía montada por Netflix, se colaban frases que retumbaban como bombas de memoria: “Mi papá militaba con una de las hijas”, dijo una mujer en voz baja. Un chico de 16 años preguntó si los “Ellos” eran una metáfora de Estados Unidos. Un jubilado lloró al ver el Torino rojo cruzando bajo la nieve, recordando a sus compañeros de la fábrica IKA en Córdoba.
¿El Eternauta es solo ficción?
Lo que pasó en Belgrano fue más que un evento. Fue un acto de restitución simbólica. Una obra desaparecida que vuelve por la pantalla chica a marcar la cancha. Una venganza poética: que en el corazón del consumo cool y la selfie estética, el mensaje revolucionario de Oesterheld haya sido escuchado por miles, aunque sea por accidente.
Y eso, querido lector, no se borra con una story.
¿Vos también pensabas que El Eternauta era solo ciencia ficción? ¿Qué significa para vos hoy esa nevada?