El traidor del pueblo honra al patriota: Sáenz se viste de gaucho mientras entrega Salta al ajuste nacional
Mientras los actos conmemorativos por el General Martín Miguel de Güemes reviven su lucha por la soberanía y la dignidad criolla, el gobernador Gustavo Sáenz reaparece como protagonista de una escena digna de una farsa republicana.
Salta, tierra de heroísmo y coraje gaucho, amaneció con un nuevo acto ceremonial encabezado por el gobernador Gustavo Sáenz, quien, acompañado de su esposa Elena Cornejo, presenció con solemnidad el inicio de los homenajes al prócer Martín Miguel de Güemes. Sin embargo, detrás del protocolo, las palabras y las flores, retumba una contradicción feroz: el mismo gobernador que dice honrar al defensor de la Patria entrega su provincia al altar del ajuste, la dependencia económica y la represión social.
Una ceremonia entre la épica y el cinismo
Los actos iniciaron en la plaza Belgrano, con el izamiento de las banderas y la entonación del Himno Nacional. Allí partió también la tradicional cabalgata hacia la Quebrada de la Horqueta, sitio donde el General fue herido mortalmente hace 204 años. Entre discursos medidos y evocaciones solemnes, Sáenz no se privó de invocar a los héroes de antaño: “Güemes, San Martín y Belgrano deben ser ejemplos para construir la Argentina que queremos”.
Pero, ¿cuál es la Argentina que realmente está construyendo este gobernador? ¿La de la entrega del litio a multinacionales extranjeras mientras se militarizan los territorios indígenas? ¿La del desfinanciamiento educativo y sanitario, en nombre de la “eficiencia” que impone Milei? ¿O la de los salarios congelados y los despidos estatales mientras se rinden homenajes con bombos, ponchos y discursos huecos?
Palermo también honra a Güemes
En el corazón de Buenos Aires, la Plaza Güemes del barrio de Palermo se alza como un rincón de memoria. Su forma triangular se debe a su origen como una laguna —centro de un bañado en las cercanías del arroyo Maldonado— y fue oficialmente reconocida por una ordenanza de 1893. Está delimitada por las calles Medrano, Mansilla, Salguero y el coqueto boulevard Charcas.
Conocida también como “Plaza Guadalupe”, por estar dominada por la imponente basílica del Espíritu Santo, los vecinos del barrio, donde abundan los consultorios psicológicos, la llaman informalmente “Villa Freud”.
Lleva con orgullo el nombre de Martín Miguel de Güemes, el hombre que junto a sus gauchos resistió las invasiones realistas por el norte, haciendo posible la gesta de San Martín. Sin la contención de Güemes, las campañas libertadoras se hubiesen visto truncadas desde su génesis.
Curiosamente, en 1905 se colocó allí una piedra fundamental para levantar un monumento al General. Pero el proyecto fue cancelado por falta de condiciones técnicas en el terreno. En 1978, la piedra fue trasladada a Figueroa Alcorta y La Pampa. Allí, desde 1981, se alza el Monumento a Güemes y se celebran cada año los actos de la Guardia de las Estrellas.
Güemes, el olvidado necesario
La historia de Martín Miguel de Güemes es la historia de una resistencia popular sin igual. Gobernó Salta seis años en plena guerra de independencia, sin recursos, con traiciones internas, y defendiendo el suelo patrio a lomo de caballo. Fue herido el 7 de junio de 1821 y murió el 17, rodeado de sus gauchos, sin claudicar jamás ante la Corona ni ante los intereses mezquinos del centralismo porteño.
Su lucha fue tan estratégica como heroica. Sin él, el norte del país habría caído en manos realistas y San Martín jamás hubiese llegado a Perú. Fue un héroe incómodo para los poderes centrales de entonces, y lo sigue siendo hoy: su ejemplo condena a los que gobiernan sin coraje ni compromiso con el pueblo.
¿Qué diría Güemes si volviera?
¿Qué pensaría el general si viera cómo los derechos por los que murió se negocian con tecnócratas del poder financiero? ¿Qué sentiría si supiera que quienes lo homenajean con discursos, entregan a Salta y al país al ajuste más brutal en nombre del mercado?
Porque Güemes no murió por la foto ni por el mármol del bronce. Murió por un sueño de justicia, independencia y equidad. Y quienes hoy lo invocan sin defender esos valores, lo traicionan más que los realistas.
¿Y vos qué pensás? ¿Es justo usar la memoria de los próceres mientras se gobierna contra su legado? ¿Te sentís representado por los actos oficiales o por las luchas reales del pueblo?