Argentina revive una práctica cruel: el regreso de la exportación de animales vivos

Argentina revive una práctica cruel: el regreso de la exportación de animales vivos para faena desata protestas en el Día Internacional contra esta industria

En un país que alguna vez fue faro de vanguardia en materia de jurisprudencia animal, hoy se prende fuego una de sus banderas más nobles. Mientras el mundo conmemora el Día Internacional contra la Exportación de Animales Vivos, Argentina retrocede más de cinco décadas y se arrodilla ante un negocio cruel y anticuado: la exportación de animales en pie para faena en destino.

Con la tinta todavía fresca del Decreto 133/2025, rubricado en febrero por el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo, se habilitó nuevamente un comercio que había sido prohibido en 1973 por razones de humanidad. Un decreto que no solo desarma una protección histórica, sino que activa el sufrimiento sistemático de miles de seres sintientes.

“Barcos de la muerte”, los llaman. Animales hacinados durante semanas, sin atención veterinaria, empapados de orín y miedo, con destino a mataderos sin estándares de bienestar.
Así lo describe Romina Viscarret, directora de Sinergia Animal Argentina, una de las organizaciones que hoy encabezan las manifestaciones contra este regreso al pasado.

La ONG —de raíces internacionales y foco en el Sur Global— denuncia que este nuevo decreto legaliza el suplicio animal a cambio de divisas y lo hace además con un discurso tecnocrático que ignora los derechos más básicos de la vida no humana:

“Nos dicen que lo hacen porque 92 países exportan animales vivos. Pero también hay países que lapidan mujeres o esclavizan niños. ¿Vamos a copiar todo lo que dé ganancias?”

Marcha atrás a contramano del mundo

Mientras Reino Unido, Alemania, Luxemburgo, Nueva Zelanda, India y hasta la otrora férrea Australia limitan o prohíben esta práctica, la Argentina de Milei toma el camino inverso. El comercio de ganado en pie para faena, apuntado por veterinarios, activistas, científicos y juristas, fue rehabilitado sin consulta, sin debate parlamentario y —más grave aún— sin evidencia que lo justifique desde una ética mínima.

Un país que olvida que los animales también sienten

El Decreto 133 no solo echa por tierra la protección histórica del Decreto 322/1973, sino que también colisiona con fallos judiciales recientes que reconocen a los animales como personas no humanas. Se pone en jaque así una evolución jurídica de años.

Argentina, que supo emocionar al mundo con la historia de la orangutana Sandra, reconocida judicialmente como sujeto de derechos, hoy es noticia por exportar vacas y terneros vivos a destinos donde los mataderos operan sin control.

Protesta en Plaza de Mayo y clamor social

En marzo de este año, Sinergia Animal junto a otras organizaciones alzó la voz frente a la Casa Rosada. La protesta fue clara: derogar el Decreto 133/2025 y prohibir para siempre la exportación de animales vivos para faena.

Esa manifestación no fue un hecho aislado. Hoy, 14 de junio, se replica con acciones simbólicas en todo el país: velas frente al Congreso, fotos de animales marcados, carteles con frases que interpelan a la conciencia colectiva.

“No se trata de negocios. Se trata de sufrimiento evitable. Se trata de no mirar para otro lado cuando sabemos que lo que ocurre es una atrocidad”, remarcó Viscarret.

¿Qué se puede hacer?

La ONG llama a la ciudadanía a no quedarse en la indignación pasiva y propone una acción directa:
Firmar la petición para derogar el Decreto 133 en Change.org/NoAlDecreto133
Cada firma es un ladrillo en la muralla que necesita construir el país para que la compasión no sea solo una palabra bonita.

El final de una era… o el inicio de otra

Argentina ha sido históricamente un país de paradojas. Y este 14 de junio vuelve a demostrarlo: mientras el mundo reflexiona sobre los límites de la crueldad permitida en nombre del comercio, nuestro país se lanza con entusiasmo al foso.

Pero si algo enseña nuestra historia, es que los retrocesos despiertan resistencia. Que no todo está perdido si hay quienes, con nombre, rostro y convicción, se atreven a decir: “Basta”.

Hoy, la lucha por los animales no es menor. Es una lucha contra la indiferencia institucional, contra la lógica que transforma el dolor en ganancia, y contra la falsa idea de que un país crece cuando traiciona sus principios.

La pregunta queda en el aire, como un mugido encerrado en un contenedor rumbo al infierno:
¿Hasta cuándo vamos a permitir que el progreso se construya sobre los gritos de los que no tienen voz?


Fuente: Sinergia Animal Argentina
Redacción: Especial Día Internacional contra la Exportación de Animales Vivos
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