En las veredas de Colegiales se empieza a escuchar un murmullo incómodo. Muchos vecinos que en 2023 confiaron en Javier Milei como outsider, hoy se desayunan con que el nuevo orden libertario no solo ajusta con motosierra, sino que también carga con el mismo vicio de siempre: coimas, dólares en sobres y funcionarios amigos embarrados en negocios turbios.
Banqueros con la ceja levantada
El círculo rojo financiero ya no aplaude con entusiasmo. En el Council of the Americas, Milei sonrió para la foto, pero los banqueros mascullaban entre dientes. La suba de encajes y el control diario de saldos los dejó con las manos atadas: menos margen para prestar, más costos para sobrevivir en un sistema que ya venía famélico de crédito.
“Queremos que los bancos trabajen de bancos”, les retrucó Milei, como si el bisturí fiscal pudiera torcer décadas de especulación. Pero en Colegiales, donde la pyme de la vuelta necesita crédito para pagar sueldos o reponer stock, el corset financiero se siente como un golpe seco en la caja registradora.
Industriales aplauden, pero se quejan
Los industriales, que alguna vez festejaron la prédica antiestatista, empiezan a sentir el rigor. La restricción al crédito erosiona el capital de trabajo: pagar quincenas, sostener inventarios y financiar exportaciones se complica. En la UIA los aplausos son medidos, las advertencias, en voz baja. Nadie quiere ser el primero en marcarle la cancha al Presidente, pero tampoco el último en caer si la economía se frena de golpe.
Y mientras tanto, en las fábricas de Chacarita o Villa Ortúzar, la incertidumbre se traduce en turnos recortados y cuentapropistas que no saben si a fin de mes habrá changa.
El Congreso lo vuelve a golpear
En el Senado, Milei volvió a perder por goleada: se aprobó la emergencia en pediatría con 62 votos a favor y apenas 8 en contra. El mensaje fue transversal: la infancia no se negocia. Luis Juez habló con la voz quebrada recordando a su hija en el Garrahan, Alicia Kirchner recordó que “la timba financiera no cura” y Guadalupe Tagliaferri le marcó la cancha al oficialismo: gobernar es resolver problemas, no patearlos.
En Colegiales, donde el Hospital Tornú todavía pelea con guardias saturadas, la noticia cayó como baldazo de agua fría: ¿qué sentido tiene recortar hospitales cuando los médicos hacen malabares para sostener la guardia?
El frente externo que se desinfla
El otro frente es el dólar. Lo que en 2024 fue récord de superávit comercial se esfumó en meses. Las consultoras ya bajan las proyecciones: de casi 19.000 millones de dólares de superávit se pasará a apenas 6.000 millones en 2025.
Las importaciones saltaron hasta 16.000 millones adicionales, mientras las exportaciones quedaron planchadas. El resultado: menos dólares en la calle, más presión sobre la balanza y, por supuesto, un mercado paralelo que en las casas de cambio de Cabildo y Federico Lacroze ya cotiza por encima de lo que el Gobierno quiere admitir.
La corrupción, el golpe más duro
Pero lo que más duele en el barrio no es solo la inflación o la falta de crédito, sino el olor a podrido de la corrupción. Los audios de Diego Spagnuolo, abogado personal de Milei y ex titular de la ANDIS, revelaron la operatoria: coimas del 5% que, por exigencia del entorno Menem, treparon al 8%.
Ese salto en la voracidad fue el que hizo explotar todo. La Justicia avanzó con 14 allanamientos: la sede de la ANDIS, la droguería Suizo Argentina, las casas de los hermanos Kovalivker y los domicilios de Spagnuolo y Daniel Garbellini. En Nordelta, sorprendieron a Emmanuel Kovalivker intentando fugarse con sobres repletos de dólares: más de 200 mil.
Cristina Fernández de Kirchner no tardó en salir al cruce: recordó la “doctrina Vialidad” que la condenó bajo el argumento de que “una presidenta debía saber todo lo que hacían sus funcionarios”. Y apuntó: en este caso Milei sí sabía, porque Spagnuolo lo visitó en Olivos y le contó personalmente lo que estaba ocurriendo.
El Gobierno respondió con lo de siempre: rajar al denunciante. Nada de negar los hechos ni de explicar por qué un directivo de la droguería contratada por el Estado terminó detenido con sobres llenos de billetes.
El barrio toma nota
En Colegiales, donde las charlas de café mezclan fútbol, alquileres imposibles y política, ya no alcanza con culpar al pasado. Los vecinos que votaron a Milei empiezan a masticar la bronca: la motosierra ajusta, el crédito desaparece, los hospitales se caen a pedazos y ahora se enteran de que los que prometían transparencia estaban prendidos en el mismo vicio de siempre: coimas, retornos y avaricia.
El límite que se impone solo
Banqueros desconfiados, industriales incómodos, un Congreso que le marca la cancha, dólares que se evaporan y una corrupción que llega hasta los sobres verdes incautados en Nordelta.
La pregunta, en Colegiales y en todo el país, es la misma: ¿hasta cuándo puede resistir un gobierno que predica libertad pero se hunde en coimas y negocios oscuros? ¿Cuánto tardará en reconocerse que el límite ya no lo pone la oposición, sino la realidad misma?