El revolucionario Don Martín Miguel de Güemes.

Por Felipe Pigna

Desde 1999, se conmemora en nuestro país el Día Nacional de la Libertad Latinoamericana, evocando el fallecimiento del General Don Martín Miguel de Guemes, defensro de la frontera norte contra la invasión realista, permitiendo al General San Martín encarar sus campañas de Chile y Perú.

Martín Miguel de Güemes no sólo tuvo que hacer frente a los más poderosos ejércitos españoles que venían de derrotar a Napoleón, sino que tuvo que vérselas con enemigos internos, miembros de la oligarquía salteña nucleados irónicamente en un grupo llamado “La Patria Nueva” que prepararon y llevaron adelante un movimiento para derrocarlo que llegó a ocupar la capital salteña. Cuando el caudillo se enteró de los detalles del asunto partió inmediatamente hacia Salta con unos doscientos de sus hombres más fieles.

El 31 de mayo de 1821 Güemes llegó a la entrada de la ciudad. La gente pobre, sus gauchos, fueron abandonando sus labores, comenzaron a seguirlo y lo llevaron en triunfo hasta la plaza principal. Los miembros de “La Patria Nueva” habían desaparecido como por arte de cobardía. Muchos de ellos huyeron hacia el cuartel general de las fuerzas realistas comandadas por Olañeta.

Güemes decidió escarmentar a los enemigos de la patria: les dio licencia a sus gauchos para que entraran a los negocios de sus enemigos y tomaran lo que les hiciera falta, que era todo.

También les aumentó los impuestos y continuó con su política de reparto de tierras y de liberar del pago de arriendo a las familias que tenían algunos de sus miembros comprometidos en la guerra gaucha, que eran la mayoría.

A la hora de dictar sentencias contra sus enemigos, respetó sus vidas y los atacó por donde más les dolía: sus intereses económicos, cambiándoles la cárcel por fuertes multas en efectivo.

Pero los muchachos de “La Patria Nueva” no se iban a quedar tranquilos ante las medidas revolucionarias de Güemes. Varios de ellos habían huido a reunirse con el enemigo, y fueron ellos los que guiaron a la vanguardia española conducida por José María Valdés, apodado “el Barbarucho”, hasta ocupar Salta el 7 de junio de 1821.

Güemes se refugió en casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, más conocida como “Macacha”. Mientras escribía una carta, el líder guerrillero escuchó disparos y decidió salir por la puerta trasera. Logró montar su caballo y emprenderla al galope pero recibió un balazo en la espalda. Llegó gravemente herido a su campamento de Chamical con la intención de preparar la novena defensa de Salta.

Finalmente fue trasladado a la Cañada de la Horqueta donde pasó sus últimos diez días de vida. En dos ocasiones el jefe español Olañeta le envió emisarios. Le ofrecía un médico y remedios, y volvía a intentar sobornarlo. Güemes les respondió convocando a su segundo al que le ordenó: “Coronel Vidt, ¡tome usted el mando de las tropas y marche inmediatamente a poner sitio a la ciudad y no me descanse hasta no arrojar fuera de la Patria al enemigo!” Miró al oficial español que le traía la nota de Olañeta y le dijo: “Señor oficial, está usted despachado”.

El 17 de junio de 1821 los pobres de Salta y sus alrededores se quedaron sin padre. Moría Martín Miguel de Güemes. Todo aquel pueblo que lo había acompañado en las buenas y en las malas, concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical. Había muerto el hombre; nacía el mito.

Post Author: Mr. Abasto